Me rendí.

Me cansé, estoy cansada, estoy agotada. Estoy cansada y resulta que no solo es la presión baja.

Me rendí ante el dolor que cae sobre mí con la misma velocidad que la nieve al final de la tormenta, balanceándose entre el viento y reposando sus copos con delicadeza en las superficies, ya sin asfixiar las formas ni dejarlas irreconocibles, pero cayendo con firmeza. Y cayendo, imparable e inevitablemente.

Me rendí porque duele. Porque duele y duele admitir que duele. Duele rendirme ante el velo que siempre ha estado encima de mí pero del que me he forzado a ver a través de él, y que en vez de quitarle con calma, decido forzar más la mirada, forzar mi rostro y concentrarme con cada parte de mí con tal de ver a lo lejos e ignorando lo que está encima de mis ojos y mis pieles.

Me rendí porque no quiero pretender que un pasado traumático no moldea tu futuro.

El arte del discernimiento pues, que mi pasado escriba algunos de los párrafos de mi futuro no tiene que significar que cada letra contendrá dolor ni la misma historia. Solo indica que aprendí a escribir con las herramientas que encontré en mi historia.

Pero es valiente pues, admitir que sí, que la tinta que escribía en rojo y que agonizaba en cada letra, necesita acabarse para cambiar de color o transformarse en otra fuente.

Pero es eso, necesita tiempo, espacio, una superficie, un medio, necesita existir, necesito que respire, necesito respirar. Resignificar no es borrar, no, no lo es.

Sólo me cansé, me cansé hoy de no entender el significado de resignificar. Entiendo su función, entiendo la forma en que traza rutas distintas en mapas conocidos. Pero admito que hoy no tengo la paciencia para trazar de nuevo, no tengo paciencia más que para reposar.

Sé que la tendré, pero hoy me encuentro a mi misma maltratándome en la re escritura, cuando el punto mismo de escribir de nuevo mi historia, es retratar la violencia de otra manera, y en el camino que camino intentando no solo observar la violencia, camino violentamente.

Así que, me rindo

Un rato, necesito reposar y admitir y abrazar, que no es fácil llegar a donde he llegado, no es fácil querer mantenerse real todo el tiempo, no es fácil no romperse, no es fácil mantener el temple aunque quiera perderlo, no es fácil pretender ni dejar de hacerlo, no es fácil lo que viví, la vida no fue tierna nada más conmigo y el roce del tiempo en mi memoria y las vistas que mis ojos capturaron, no fueron gentiles. La vida no solo ha sido gentil conmigo.

Sí, como con todos, pero esta es mi historia no la del mundo.

Ví escenas dignas de existir en una pantalla grande de cine de terror y sentí con la profundidad con la que se escribía en aquellas novelas de siglos anteriores donde se habla del dolor del ser consciente y el desvanecimiento de uno mismo.

Me rindo porque hoy quiero y tengo que admitir, en honor a la vida que anhelo para después, que no, no siempre he querido vivir la vida que he tenido en mis venas

He estado exhausta de lo impredecible de ella y agotada de cada brisa de aire

Y ahora estoy exhausta, pero es el tipo de cansancio que en verdad solo busca reposar sin juzgar y descansar sin abusar

Quiero recostarme, sin pretender, sin cien mil metas y sueños, con la seguridad de que sí, es verdad que me puedo construir la vida que quiera, ajá

Para escribir uno necesita hojas y las mías están llenas

Quiero llorarle a mi padre hoy, y quiero dejarme extrañar y dejarme doler, le he temido tanto al dolor que yo misma logré quitarlo de mi pensar, creyendo que si reescribía el pensamiento no habría que sentirlo

Quiero romperme, necesito romperme, y quiero llorar, necesito llorar, al rato me levanto, necesito admitirme a mi misma el dolor vivido, necesito admitirmelo sabiendo que no me voy a perder por la inmensidad que tiene

Es inmenso y no puedo describirlo, no puedo entenderlo, pero para transformarlo necesito admitir que existe primero

Aquí estoy y duelo y duele

Y ya

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