• Hola, pa

    No tengo mucho que decirte.

    O quizás es demasiado. 

    Te puedo decir con certeza, que la vida siguió cuando te fuiste, ¿puedes creerlo? 

    Me lo dijiste mil veces, el cómo la luna iba a seguir saliendo, las personas iban a seguir creciendo, la lluvia no iba a dejar de caer, las juntas de trabajo no se iban a postergar siempre y las películas seguirían reproduciéndose, por más que quisiéramos parar todo y a todos, el mundo iba a seguir. 

    Todo siguió. Párate, báñate, trabaja, estudia, hazte de comer, sé amable, no lo seas, crece, conoce, cocina, limpia, habla, no lo hagas, come, come, come

    Me ha costado, pa, todos los días desde que tu voz dejó de sonar, me han costado. 

    Cuando te perdí, se acabó el mundo. 

    Pero aprendí, que siempre voy a poder crear nuevos. 

  • La pesadez que tuve en los párpados aquella noche en que yo sabía con certeza que en el momento que los abriera de nuevo al despertar, mi padre ya nunca más podría abrirlos

    Y así pues, cerré los ojos sabiendo que mi vida iba a cambiar para siempre habiendo pasado unas horas

  • De un texto de Octubre del 25:

    Yo creo y confío en que todas las épocas caóticas son necesarias, es importante que todos nos conozcamos en dolor y que el caos arrase con nosotros, sea el caos que sea, no me refiero solo a tragedia, pero es en esos momentos donde si te lo permites, conoces tus raíces

    ¿Lloras como tu madre? ¿Te quejas como tu padre cuando todo duele? ¿Te escondes como tus abuelos cuando las emociones se presentan? ¿De dónde vienes? ¿De qué colores eres cuando eres vulnerable?

    Cuando en el espejo hay desconocidos y cuando tus canciones favoritas no suenan relevantes, cuando parece que la vida siempre ha sido así y cuando la tormenta parece tan espesa que no tiene final, es importante recordar que todo pasa

    Esto también pasará

    Prometo que pasa, pero todas las herramientas que desarrollas para sobrevivirla se quedan, y entonces los siguientes capítulos serás tú con herramientas más veraces, más versátiles, creativas, audaces que ayudarán a construir castillos inimaginables

    Si te lo permites

    Pero no te maltrates, no te ofendas a ti mismo, no ataques el cuerpo, es verdad que habrán momentos en la vida en los que el único que que te levante seas tú mismo, y ¿cómo te va a levantar alguien que te desprecia?

    No hay certeza más grande que saber que las tormentas acaban

  • De un texto de noviembre del 2025:

    ¿Y qué si me equivoco en todo? que me equivoco siempre tienes que saber

    ¿Y qué si se me cae el mundo? me he construido miles

    Me he levantado cien veces y ya no sé ser discreta al caer, que si me caigo me caigo, y si fallo fallo, ya no conozco la prudencia que la vergüenza te regala después de un error honesto

    Me aferré a olvidar la culpa que me causaba no cumplir con la mente de alguien más, esto es lo que soy y esto es lo que tengo, soy una niña con la inocencia de quien ha visto la muerte a los ojos y regresado de ahí

    Tengo la misma inocencia que tiene la sangre al derramarse de la piel sin censura y la misma calma de una tormenta rompiendo certeramente

    Que sabe que rompe, que sabe que se cae, que se jacta de su caos y se reordena cuando ocupa

    No confundas mi infancia con impericia ni mi gracia con ignorancia

    La diferencia está en que mis caídas están en mis líneas explícitas y no entre ellas, yo sé de qué me caigo y yo sé qué he perdido a puño, yo sé en qué errado y yo sé qué he dañado

    Me reconozco humana y fallando y cayendo y callando y errando y rompiendo

    Y me reconozco humana y creando y creciendo y cumpliendo y sanando y cambiando

    No soy solo mis caídas, soy cómo me levanté de ellas

  • Me rendí.

    Me cansé, estoy cansada, estoy agotada. Estoy cansada y resulta que no solo es la presión baja.

    Me rendí ante el dolor que cae sobre mí con la misma velocidad que la nieve al final de la tormenta, balanceándose entre el viento y reposando sus copos con delicadeza en las superficies, ya sin asfixiar las formas ni dejarlas irreconocibles, pero cayendo con firmeza. Y cayendo, imparable e inevitablemente.

    Me rendí porque duele. Porque duele y duele admitir que duele. Duele rendirme ante el velo que siempre ha estado encima de mí pero del que me he forzado a ver a través de él, y que en vez de quitarle con calma, decido forzar más la mirada, forzar mi rostro y concentrarme con cada parte de mí con tal de ver a lo lejos e ignorando lo que está encima de mis ojos y mis pieles.

    Me rendí porque no quiero pretender que un pasado traumático no moldea tu futuro.

    El arte del discernimiento pues, que mi pasado escriba algunos de los párrafos de mi futuro no tiene que significar que cada letra contendrá dolor ni la misma historia. Solo indica que aprendí a escribir con las herramientas que encontré en mi historia.

    Pero es valiente pues, admitir que sí, que la tinta que escribía en rojo y que agonizaba en cada letra, necesita acabarse para cambiar de color o transformarse en otra fuente.

    Pero es eso, necesita tiempo, espacio, una superficie, un medio, necesita existir, necesito que respire, necesito respirar. Resignificar no es borrar, no, no lo es.

    Sólo me cansé, me cansé hoy de no entender el significado de resignificar. Entiendo su función, entiendo la forma en que traza rutas distintas en mapas conocidos. Pero admito que hoy no tengo la paciencia para trazar de nuevo, no tengo paciencia más que para reposar.

    Sé que la tendré, pero hoy me encuentro a mi misma maltratándome en la re escritura, cuando el punto mismo de escribir de nuevo mi historia, es retratar la violencia de otra manera, y en el camino que camino intentando no solo observar la violencia, camino violentamente.

    Así que, me rindo

    Un rato, necesito reposar y admitir y abrazar, que no es fácil llegar a donde he llegado, no es fácil querer mantenerse real todo el tiempo, no es fácil no romperse, no es fácil mantener el temple aunque quiera perderlo, no es fácil pretender ni dejar de hacerlo, no es fácil lo que viví, la vida no fue tierna nada más conmigo y el roce del tiempo en mi memoria y las vistas que mis ojos capturaron, no fueron gentiles. La vida no solo ha sido gentil conmigo.

    Sí, como con todos, pero esta es mi historia no la del mundo.

    Ví escenas dignas de existir en una pantalla grande de cine de terror y sentí con la profundidad con la que se escribía en aquellas novelas de siglos anteriores donde se habla del dolor del ser consciente y el desvanecimiento de uno mismo.

    Me rindo porque hoy quiero y tengo que admitir, en honor a la vida que anhelo para después, que no, no siempre he querido vivir la vida que he tenido en mis venas

    He estado exhausta de lo impredecible de ella y agotada de cada brisa de aire

    Y ahora estoy exhausta, pero es el tipo de cansancio que en verdad solo busca reposar sin juzgar y descansar sin abusar

    Quiero recostarme, sin pretender, sin cien mil metas y sueños, con la seguridad de que sí, es verdad que me puedo construir la vida que quiera, ajá

    Para escribir uno necesita hojas y las mías están llenas

    Quiero llorarle a mi padre hoy, y quiero dejarme extrañar y dejarme doler, le he temido tanto al dolor que yo misma logré quitarlo de mi pensar, creyendo que si reescribía el pensamiento no habría que sentirlo

    Quiero romperme, necesito romperme, y quiero llorar, necesito llorar, al rato me levanto, necesito admitirme a mi misma el dolor vivido, necesito admitirmelo sabiendo que no me voy a perder por la inmensidad que tiene

    Es inmenso y no puedo describirlo, no puedo entenderlo, pero para transformarlo necesito admitir que existe primero

    Aquí estoy y duelo y duele

    Y ya

  • Después

    Hoy terminé de ver una serie que empecé a ver en 2016, cuando yo tenía 14 años y mi vida era incierta. Muy similar al día de hoy, pero 10 años después.

    En el final de la serie retratan un poco lo qué es la vida después de haber tenido que sobrevivir años y años de dolor y cosas difíciles de ver

    Y la verdad es que me ha recordado lo difícil que es empezar de cero y la complejidad que hay en aceptar la paz después de la guerra

    La complejidad de quemar las raíces de los árboles que me decían en su follaje que la vida solo dolía, árboles que sus frutos eran las victorias que tenía después de la catártica experiencia de algún suplicio vivido, teniéndome entonces en espera de guerras con tal de sentir la dulzura de la victoria para reposar en lo que venía la siguiente

    La complejidad de romper con aquellas ideas que me mantenían suspirando en silencio y sintiendo poco con tal de poder confrontar la vida que me rodeaba

    El dolor constante, la pesadez y el cansancio que provoca el repetirme incesantemente que la vida no solo duele, que la vida no solo es sangre o lamentos, convencerme que en esta vida me espera más, que me espera amor y tardes tranquilas, que me esperan viajes y mares de misterio, dulce y besos y baile y canto y lágrimas también y sentires en las venas

    Que suena a que está bien, que es bueno que uno se convenza de eso

    Claro que está bien

    Sin embargo, la batalla constante entre los hechos y las ideas nuevas y entre mis anhelos y mis realidades pasadas, me desvanece

    Salto todos los días a lo desconocido, apostando todo lo que he conocido y vivido con la esperanza de que lo que sigue no es sólo duelo

    Es sólo saltar pues, pero la comodidad que siento en las plantas de los pies cuando reposan por falta de voluntad

    El goce de quedarme quieta

    El deseo de probar el dulce fruto de otra victoria después de una guerra, y la exquisita sensación de no tener que cambiar, de quedase de ahí, de venderse las palabras viejas esperando un futuro nuevo con la avergonzada certeza de que será igual que el pasado

    El anhelo oculto que confundido pregunta en mi corazón “¿y la guerra?” con la esperanza de volvérmela a encontrar para después visitar a su antítesis

    Y es que a eso me acostumbré, a sobrevivir

    Me volví tan buena creciendo entre el concreto y amando sus grietas que olvidé cómo crecer entre el pasto y la brisa

    Una de las complejidades, que siempre va a existir en todo aquello que es nuevo y en lo que somos novatos, es que erróneamente se asocia el valor de uno mismo con las habilidades que se tiene, y en ocasiones s se busca demostrar ese valor

    Entonces pues, si yo soy buena en las emergencias, las busco, y la falta de ellas me hace sentir sin habilidades y sin valor

    “Aprende algo nuevo” y ya está ¡Claro!

    Pero la pérdida de identidad nadie me la quita, algún día mi nombre estuvo escrito con letras rígidas y aprender a suavizar la mano requiere más que tiempo

    Pero me muevo, salto y vuelvo a hacerlo y vuelvo a tirarme y vuelvo a olvidarme y olvidar por qué lo hago

    Pero salto y no me detengo y no me he detenido en este tiempo

    Me espera una vida viva

    Espero

  • Vivir a flor de piel

    Recorriendo con asombro los caminos de mi mente de este año, me encontré de nuevo con aquella versión mía que se encargó de llenarme de oxígeno los pulmones y de risa el corazón

    Mi vida se siente como se siente al fuego vivo, el viento me atraviesa la piel, el sonido pasa sin permiso por mis oídos con la misma agudeza con la que las flechas bien lanzadas se clavan en las superficies

    Mis ojos capturan imparablemente luces, destellos y sombras a una intensidad incontrolable y mis papilas gustativas vibran cada nota de sabor mientras que mi olfato no para de recordar y memorizar cada aroma que es testigo de mi vivir

    Las texturas del mundo abarcan cada una de las crestas pilares de mis huellas digitales, los surcos de mi piel graban mis sensaciones y la forma en que reescribí mi vida es lo que da electricidad para interpretar el mundo externo de la forma en que lo hago

    El mundo que percibo afuera es, entre un sin fin de estrellas, todo aquello que he permitido que se acomodase en mi corazón por dentro para tener la capacidad de interpretar todos estos impulsos constantes y transformarlos no solo en experiencias efímeras del humano en lo cotidiano, si no también en el medio apto para que el universo, en su intento de experimentarse a sí mismo a través de medios incomprensibles, se encuentre creando universos imparables solo dentro de mí pensar

    Entonces pues, recordamos aquello que leí en algún libro de drama adolescente y que más tarde aprendí en clases de física, que hay infinitos más grandes que otros infinitos

    Ahora imagina lo que sucede, cuando la experiencia de mi universo danza con otro

    El infinito de mi mente al cielo, aunque sin fin, no es más grande que la suma del mío y el de a lado al cielo

    ¿Pero qué sé yo del universo y su incesante vibrar si no soy más que una experiencia del tiempo en una forma contenida?

    No sé de qué va la existencia, pero admito que la vida me parece una delicia, me parece exquisita, un goce

    Le agarré el gusto a la vida con la misma inocencia que tiene aquel que fue al infierno y regresó y con la misma pasión con la que aquel artista sin rumbo retrata hasta que le sangran las manos

    Con el mismo asombro con el que los ojos que han vivido en la obscuridad observan el sol después de olvidar su existencia y con la misma intensidad con la que el viento de los cielos rodea las cubres de las montañas más altas

    Gozo mi vida con la misma ilusión que tienen las infancias al creer que pueden haber burbujas de distintas formas o al imaginarse navegando en el espacio sideral y una vida en la que solo tienen que aprender a andar en bicicleta

    Vivo pues, como aquel que ha visto la muerte a los ojos y decidió besarla a vidas

    Para vivir

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    He vuelto a escribir, papá.

    Resulta que yo juzgaba a las palabras por no poder ser un medio adecuado para el sentir de mi piel y de mi aliento, o para poder transmitir lo que realmente tengo dentro, y aunque es parcialmente cierto, en realidad me era más fácil desconectarme de mi lengua madre y culpar a las letras por no saber componer mi libertad, que a mi corazón por latir tanto sin respirar. 

    No es culpa de ninguno, es solo que olvidé respirar. Olvidé cómo respirar y hablar y cómo hablar y callar. 

    Olvido seguido. Como tu fecha, una vez más.

    El 12 de diciembre me la pasé en una fiesta y tomando algunos tragos, riendo cada tanto y bailando por instantes, recordando lo viva que está la vida. 

    Y olvidé, de nuevo, olvidé, que el 12 se cumplían un año y nueve meses de aquel día en el que te fuiste y te llevaste partes de mí que cesaron su parpadeo el mismo día que tú. 

    He vuelto, pa, o eso creo.

    A ratos, apenas ando entendiendo cómo, aunque las partes de mi barco ya no son las mismas ni están hechas de lo mismo, mi barco sigue siendo mío, solo es cuestión de ajustar las velas. 

    Pero he vuelto, pa, vivo constantemente saludando a quien fui y conociendo a quien soy. Me soy familiar pero mi reflejo a veces es ajeno, pero sé que soy yo. Y sé que estás aquí. 

    Creo que, olvidé la fecha porque recordé una vez más, que “muerte” es solo una palabra. Y que entre tú y yo no hay más que tiempo. 

    Un saludo, de nuevo, de aquí hasta allá, papi. 

  • Ser sin ser

    ¿Y venir con mentiras a donde siempre mienten?

    Si el costo a pagar solo es condenarme entre palabras que sentencian mi sentir antes de siquiera existir, tal vez lo pague cada domingo


    Si lo único que tengo que perder es mi nombre, sus sílabas y la raíz, no será tan difícil, ¿no? puedo pertenecer.

    Tal vez si permito mi risa crecer, no me duela tanto cuando mis historias se me escapen entre los labios de mi ser

    O quizás si me permito hacer chistes de aquello que no me cause gracia, con tal de que el pesar de mi historia se aligere para aquellos ajenos a la tragedia


    O tal vez si perder mi nombre me dará un lugar en una mesa, he de considerarlo.

    ¿O ya hay mesas que no conozco esperando por mi?

    He visto vidas enteras perdiéndose en su discurso, condenándose entre palabras y preguntas que antes de ser escritas, ya sentenciaban a un futuro inocente

    Plumas escribiendo historias de vida llenas de aprendizajes, con letras de sangre y desdicha y no más


    He visto almas en dolo que ya no recuerdan su nombre, almas que en sus travesías para intentar sobrevivir, olvidaron lo que era vivir


    He visto ecos de sonrisas que se les van las historias entre las comisuras, se les escapan entre los espirales de la risa, dejando morir sus historias entre sonrisas deshonestas

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    ¿Realmente quiero sentarme en donde mi risa perece?

    Mira que “muerte” es solo una palabra, pero en un cuerpo finito, es importante no permitirnos morir tantas veces

    Hay lugares que ya saben sostener con el alma aquellas historias que pesan más que el aire en Saturno

    Y que reírse de las ironías de la narrativa es una forma de honorarlas y no de eliminarlas

    Y hay lugares que saben cantar contigo aquellas notas que te sostuvieron el corazón y que cantan contigo aquellas melodías que les salvaron el aliento

    Hay lugares que en la travesía de comprenderte, te ayudan a agregarle párrafos a tu historia

    Lugares que no te dejan soltar la pluma con la que escribes tu prosa

    Lugares pues, en los que mentir ya no es necesario

    En donde la palabra importa y la ternura escucha, donde no es necesario mutilar partes de mi con tal de no ocupar tanto espacio

    Lugares donde sobra el espacio y las tintas de colores escriben y reescriben y donde el té de canela sabe a té de canela y no a recuerdo y donde mis canciones suenan sin bajarle al volumen

    Donde la calma platica y la historia deja de pesar y comienza a reposar

    Existen porque existo

    Existen porque existes

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